REFLEXIÓN PARA AFRONTAR UN DIVORCIO CUANDO HAY HIJOS

Hay escritos ríos de tinta sobre los terribles efectos de las separaciones y divorcios en los hijos. Es cierto que en los casos conflictivos los niños son sometidos a un daño continuo que puede pasarles factura en la vida.

Para cuando una persona decide separase suele haber un largo camino de reflexión, muchas veces tras haberlo intentado todo, incluyendo la terapia de pareja. Una vez tomada la decisión, comienza habitualmente un difícil camino, en el que si no se hacen bien las cosas, la vida de los miembros de esa familia puede verse afectada, a veces durante muchos años.

Y si la pareja se ve en los tribunales, los daños colaterales están servidos, especialmente cuando hay niños de por medio. Y para sorpresa de algunos, las cosas no mejoran tras la sentencia, sino que empieza otra etapa donde hay que aprender a relacionarse con la expareja. Hay que seguir relacionándose con el padre/la madre de los hijos para los aspectos de la crianza y educación que se deben decidir entre ambos.

La buena noticia es que puede evitarse muchísimo sufrimiento

La buena noticia es que puede evitarse muchísimo sufrimiento y minimizar el impacto negativo con fórmulas no contenciosas como la mediación, el derecho colaborativo y otros servicios similares que buscan ayudar a la pareja a diseñar el mejor futuro posible para todos.

En cualquier caso, cuando se trata de la custodia de los niños, resulta imprescindible centrarse en el diseño de un Plan de Parentalidad, en el que la pareja decide de forma consensuada todo lo concerniente a la educación y otros aspectos importantes en la vida de los niños. Un documento donde se explican los pormenores en que va a consistir la custodia (cómo, cuándo, con qué medios, en qué lugares, de qué forma…). Hablar de estos temas exige un autocontrol emocional por parte de los progenitores que solo puede darse en un marco de seguridad que los profesionales del servicio faciliten.

Se consiguen así dos objetivos:

Planificar y asegurar la estabilidad en la vida presente y futura de sus hijos, previniendo conflictos futuros y un objetivo igual de importante: devolver a la pareja el control sobre sí mismos, quienes con mayor o menor fortuna han logrado ponerse de acuerdo en lo que más les importa. Están atravesando una etapa de la que pueden salir (si se hacen bien las cosas, insisto) fortalecidos en las relaciones con sus hijos y están aprendiendo una nueva forma de relacionarse, por el bien de aquellos (y también de ellos mismos).